Al fin ha llegado el tan esperado cambio de tiempo y parece ser que el frío ha venido ya para quedarse o, al menos, durante esta semana, dejando no solo las primeras lluvias y tormentas, sino dejando también caer las primeras nevadas en las cotas más altas de la península, lo cual hace que las abejas se refugien en sus “hogares”.

Estos cambios de tiempo al igual que en los seres humanos, influyen también sobre los insectos, haciendo que estos adapten sus hábitos de vida habitual a las nuevas condiciones meteorológicas.

Las abejas por ejemplo, con la llegada del cambio de tiempo, con la llegada del frío, modifican su actividad. La escasez de plantas y flores en el entorno reduce su actividad principal, que es la de recolectar polen para alimentarse, generar miel y polinizar, por lo que la falta de vegetales hace que las abejas tengan también que dedicarse a otras funciones más relevantes para la colmena durante esta época del año.

Además las abejas no toleran nada bien el frío, y si la temperatura baja por debajo de los 6 grados las abejas pueden incluso hasta perder la vida por frío. Es por ello que cuando los termómetros bajan de los 14 grados, las abejas suelen reducir su actividad y quedarse albergadas en el interior de la colmena y creando una especie de racimo, un racimo que tiene como principal objetivo regular la temperatura de la colmena para que ésta esté siempre entre los 25 y 35 grados, y todas las abejas del panal, especialmente la abeja reina y las crías puedan sobrellevar mejor los meses de frío que están por llegar.

En muchas ocasiones, cuando las condiciones meteorológicas son extremas, hace mucho frío, y el alimento empieza a escasear, las abejas de la colmena acaban muriendo, lo que resulta una mala situación, ya que las abejas es el principal agente polinizador del planeta.