El frío ya está aquí, y de forma inesperada nos ha traído las primeras nieves de la temporada, dejando amplios mantos blancos por las cotas más altas del territorio nacional. Hace unas semanas ya se venía anunciando el frío con la llegada de grandes tormentas y lluvias, pero lo que no cabía esperar es que en solo unas semanas pudiésemos disfrutar de nieve a tan solo 600 metros de altitud en todo el norte del país.

Pese a estar ya en pleno otoño, nadie podía esperar tan brusco cambio de tiempo, ya que en solo unos días las temperaturas han caído más de 10 grados y hemos pasado de colgar la toalla de la playa a sacar los guantes y las bufandas.

Estos cambios tan bruscos de temperatura afectan a nuestro ciclo de vida habitual y alteran nuestra rutina hasta que nos adaptamos. Y de la misma manera de que nos afecta a nosotros, estos cambios tan severos influyen también negativamente sobre el resto de seres vivos y vegetales que nos rodean.

A unas plantas estos cambios les afectan más que a otro. Algunas especies de palmeras, son vegetales que resisten muy bien los cambios de temperatura, a pesar de ser más aptas para climas cálidos, se adaptan bien a la caída de los termómetros.

Además esta caída de las temperaturas beneficia a las palmeras en relación a uno de los principales agentes que afecta negativamente a la salud de las mismas, es decir, afecta negativamente al picudo rojo, lo que resulta positivo para este tipo de especies.

El picudo rojo no suele volar por debajo de los 15 grados, por lo que cuando hay temporal, lluvias, nieves y las temperaturas bajan, al picudo no le queda otra que quedarse refugiado en el interior de la palmera, lo que le puede impedir que salga a colonizar otros ejemplares de palmera, y por tanto, a propagar la plaga.

En esta época del año será por tanto necesario estar muy atento a las señales del picudo y poder detectar su presencia en aquellos ejemplares en los que se encuentra refugiado.